En hoteles de paso, donde las vidas se rozan sin tocarse, una mujer habita un tiempo suspendido. Se desplaza entre habitaciones, bares en penumbra y recepciones vacías. Afuera, la ciudad palpita; adentro, todo se repite con una precisión inquietante. Algo en el orden de las cosas se altera cuando conoce a dos mujeres: Irene, una recepcionista que se mueve entre el caos y la calma, y Clara, una extranjera cuya presencia introduce una nueva forma de inquietud. La posibilidad de un vínculo o coincidencia abre una grieta en esa vida de tránsito. Pero en un mundo provisional, ¿qué significa quedarse? A través de escenas sutiles, «La distancia era frágil» explora la soledad contemporánea, la identidad desplazada y la ilusión de simetría.





